Pol�tica de Nicaragua: Protestas sociales y chauvinismo costarricense
Por Roberto Zelaya Blanco
COSTA RICA, la auto-titulada "Suiza Americana", no escapa a los esc�ndalos de corrupci�n ni a las protestas por abrir espacios a los inversionistas privados en el mercado de la energ�a y las comunicaciones. Tambi�n los legisladores y diplom�ticos costarricenses tienen un concepto muy g�neris del derecho de asilo, protegiendo a pr�fugos de la justicia norteamericana, como fue el caso de Roberto Vesco, el que escap� de los Estados Unidos con 200 millones de D�lares de los Fondos Mutuos, manteniendo en la actualidad a otros fugitivos que estafaron en mayor cuant�a los servicios del Medicare. Mientras estos conservan suficiente dinero, la Corte Suprema de Justicia declara que no ha lugar a las extradiciones solicitadas.
Recientemente, la Asamblea Nacional de Costa Rica aprob� ponerle a fin al monopolio estatal de la energ�a y las comunicaciones, abriendo estos mercados al capital privado nacional y extrajero. La medida fue severamente cuestionado por diferentes gremios de profesionales, sindicatos y organizaciones de la respectiva socided civil, dando origen a protestas multitudinarias, reprimidas en�rgicamente por las unidades antimotines de los cuerpos policiales. Pero tales protestas no estaban motivadas por sentimientos nacionalistas ni de rechazo de las transnacionales de la energ�a y las comunicaciones, sino por el temor de que estos servicios se suministren sin ning�n subsidio estatal, como ha sido pr�ctica com�n en Costa Rica.
Coincidente con ese ciclo de protestas y para desviar la atenci�n de la opini�n p�blica de los graves problemas internos, el gobierno de Costa Rica amenaza con llevar un diferendo inexistente con Nicaragua al tribunal Internacional de Justicia de La Habana, Holanda, como es la absurda pretensi�n de que sus efectivos policiales naveguen armados por determinado sector de nuestro R�o San Juan, contraviniendo el esp�ritu y la letra del Tratado Ca�as-Jerez y lo resuelto con anterioridad en Laudo Cleveland.
El conflicto de Costa Rica con Nicaragua por la navegaci�n de su efectivos armados en el R�o San Juan, tan s�lo existe en las mentes trasnochadas de sus pol�ticas y diplom�ticas. Todas las instancias jur�dicas y de seguridad colectiva del sistema interamericano-Pacto de Bogot�, Tratado Interamericano de Asistencia Rec�proca (TIAR) y Organizaci�n de Estados Americanos (OEA), han decidido permanecer alejados de las pretensiones carentes de l�gica y de moal de nuestro vecino del sur, recomend�ndoles el di�logo directo con la autoridades nicarag�enses, ofreciendo como facilitador del mismo al Secretario General de la 0EA, Doctor C�sar Gavira, el que comprob� in situ las descabelladas e irracionales ambicones expansionistas de Costa Rica.
Ahora y para exaltar el chauvinismo del pueblo, el gobierno de Costa Rica Amenaza a Nicara con la ratificaci�n del Tratado de L�mites Mar�tmos y Delimitaci�n de Plataforma Continental en el Mar Caribe, firmado con Colombia, el que atenta contra nuestra derechos soberanos en las aguas territoriales y mar patrimonial del litoral atl�ntico, imitando a Honduras con el Tratado Ram�rez-L�pez, el que ya nuestro gobierno llev� a conocimiento de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, Holanda.
Est� sospechosa combinaci�n de reclamar inexistentes derechos de navegaci�n armada en nuestro R�o San Juan, con las amenazas de llevar este caso a la Corte Internacional de Justicia y la ratificaci�n del Tratado firmado con Colombia, responden a un chantaje premeditado y al deliberado prop�sito de darle cauce chauvinista a las protestas sociales del pueblo por los programas de ajuste estructural y la participaci�n privada en los mercados energ�tico y de comunicaciones, coincidiendo con la campa�a insensata que sandinistas y empresarios deseosos de tropezar otra vez con la mismo piedra del 19 de julio de 1979, han emprendido contra el Gobierno Constitucional de la Rep�blica, utilizando como palancas desestabilizadoras la governabilidad y la transparencia.
Si Costa Rica decide asestarle una pu�alada por la espalda a los procesos de intregaci�n centroamericana, cumpliendo con todas las amenazas del pueblo y gobierno nicarag�ense tiene que ser otro impuesto patri�tico a todos los productos procdentes de nuestro vecino del sur, tal y como ya se hizo con los de Honduras y Colombia.

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